Sus perfectos ojos disentían en exceso con el reflejo que se observa en un charco. La mirada límpida permanece quieta y suspendida en una brisa noctámbula. Su corazón late desmesurado ante el desconocido sabor de la lluvia abstemia. El cielo difumina su poderosa armadura ennegrecida, atraviesa un umbral blanquecino hasta sucumbir en la belleza cegadora que hilvana el mundo. Ella porta con astucia el aroma de la contradicción. Lo sabe con imperturbable vanidad a pesar del dolor acaecido en algunas evocaciones turbulentas.
El solo se recuesta en las caricias que nacen de la fatídica boca, encarnando inoportunos suspiros desollados. Sus cuerpos apenas son visibles, eran viento vertido en moldes diseminados. El profuso sudor se mezcla con lágrimas avivadas y otros fluidos incandescentes. La piel se torna desgarrada y angustiosa en el borde sempiterno de un susurro, es una voz elocuente y secreta que apalea las vísceras y dispersa la sangre al obsceno regazo de la muerte.
No es el infinito adormilado, ni el más puro amor. Tampoco la sombra embriagada de olvido, ni mucho menos el momento se transformaría en realidad inmutable, es solo el latir del anochecer corrompido que vacía su espíritu en moldes cósmicos de infortunio y los lanza al excremento recóndito. La mirada se contagia de pesadilla, cuelgan pesadas ruinas en los parpados, cierran la puerta de la indecisión, pero él solo la interrumpe en el desenfreno del fuego devastador, es el legado deprimido…
Sus labios palpitaron un millón de veces, se revolcaron ante el inminente desenlace ya antes acordado. El suculento viaje transformo su cansada frente. Él y solo él se derramo con la medianoche…ella echaba un vistazo con desvelo, se enfrascaba en pensamientos repetitivos aunque se encontraba inerte. El hace una última petición. Ella accede con desgano, le da un beso y se sueltan casi al instante. El solo se atreve a decir con asombro
- ah ¡con que a eso sabe la muerte¡
Ella replica con una tímida exhalación, pero solo un gruñido nace mascullado. El la interrumpe absorbido por el destierro
-No,¡¡¡¡¡ rebáname hasta que no quede nada-.
Un veneno se esparce, lo domina y lo tira en el colchón. Movimientos convulsos inundan el cuerpo y mente de ella. El filoso instrumento golpea el cuello…borbotones coagulados tiñen la piel y dibujan la furia sobre los dispares fragmentos, que ahora son él.
Ella recuerda con ardor el primer abrazo imprevisto y toma un manojo de cabello, memoria del amor infernal que yace despedazado en el piso. Se levanta y cierra la puerta. El suave viento de madrugada alumbra su cansancio, los pasos sonámbulos se transmutan al firmamento.
martes, 13 de julio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario